събота, 7 февруари 2026 г.

Ciencia ficción en Colombia

La historia de la ciencia ficción en Colombia presenta una trayectoria singular dentro del contexto latinoamericano, marcada por una aparición temprana, una evolución discontinua y una persistente marginalidad frente al canon literario dominante. Sin embargo, lejos de ser un género periférico o meramente imitativo, la ciencia ficción colombiana ha funcionado como un laboratorio de ideas desde el cual se han cuestionado la modernidad, la autoridad del conocimiento, la tecnología, el poder político y la condición humana. Su desarrollo revela una constante tensión entre sátira social, especulación crítica y experimentación formal.

Uno de los rasgos más llamativos de esta tradición es su origen geográfico. A diferencia de lo que ocurre con otros géneros literarios en Colombia, la ciencia ficción no surge en Bogotá ni en los centros institucionales del país, sino en la región Caribe, particularmente en Barranquilla. Esta ciudad, a comienzos del siglo XX, era un espacio atravesado por la modernidad: puerto de entrada de mercancías, ideas, revistas extranjeras, avances tecnológicos y discursos científicos. En este contexto urbano, cosmopolita y relativamente alejado del control cultural centralista, se generaron las condiciones propicias para que el género emergiera como una forma de reflexión crítica sobre el progreso y la ciencia.

El punto inaugural suele situarse en 1928 con José Félix Fuenmayor y su obra Una triste aventura de catorce sabios. Este texto, considerado el primer relato de ciencia ficción colombiano, no adopta un tono épico ni futurista, sino satírico. La reducción física de un grupo de científicos tras un fenómeno cósmico funciona como una alegoría del “fetichismo científico” y de la fragilidad de la autoridad intelectual. En lugar de glorificar la razón y el saber técnico, Fuenmayor los expone al ridículo, anticipando una de las líneas más persistentes del género en Colombia: la desconfianza frente a los discursos de poder legitimados por la ciencia.

En 1932, José Antonio Osorio Lizarazo amplía el horizonte del género con Barranquilla 2132, una novela que puede leerse como una de las primeras distopías latinoamericanas. El recurso narrativo del protagonista que despierta tras dos siglos de hibernación permite contrastar el presente del autor con un futuro aparentemente ordenado y eficiente. Sin embargo, esa sociedad futura ha sacrificado la espiritualidad, la memoria y la libertad en nombre de la racionalización absoluta. La obra expresa temores asociados a la mecanización de la vida, al control de las élites tecnocráticas y a la pérdida de lo humano, preocupaciones que dialogan con debates internacionales de la época, pero que adquieren un matiz particular en el contexto colombiano.

Un tercer hito temprano es Viajes interplanetarios en Zeppelines que tendrán lugar en el año 2009 (1936), de Manuel Francisco Sliger Vergara. Este texto introduce por primera vez en Colombia la figura del extraterrestre y el viaje espacial, incorporando de manera explícita imaginarios propios de la ciencia ficción popular anglosajona. Su estilo, influido por las tiras cómicas y la cultura visual estadounidense, revela la temprana inserción del país en circuitos culturales globales. Aunque a menudo considerada una obra menor desde el punto de vista literario, su importancia histórica radica en la ampliación temática del género y en la apropiación local de modelos narrativos transnacionales.

Tras este prometedor inicio, la ciencia ficción colombiana entra en un periodo de relativa invisibilidad. A partir de los años cuarenta y durante buena parte del siglo XX, el campo literario nacional se ve dominado por otras preocupaciones: la violencia partidista, el realismo social, la literatura testimonial y, más adelante, el realismo mágico. En ese contexto, la ciencia ficción es percibida como un género ajeno a la “realidad nacional” o como una curiosidad marginal, sin un espacio claro dentro del canon.

No obstante, esta marginalidad comienza a ser cuestionada gracias a figuras que asumen una labor tanto creativa como crítica. En este sentido, René Rebetez ocupa un lugar central. Su ensayo Ciencia ficción: la cuarta dimensión de la literatura (1966) constituye el primer intento sistemático de pensar el género desde Colombia, no como entretenimiento escapista, sino como una herramienta de conocimiento y reflexión filosófica. Rebetez entiende la ciencia ficción como una forma de pensamiento especulativo capaz de ampliar la percepción de la realidad y de intervenir en los debates culturales del presente. Su antología Contemporáneos del porvenir (2000) cumple una función decisiva al reunir textos, trazar genealogías y ofrecer una narrativa histórica que legitima la existencia de una tradición nacional de ciencia ficción.

En el siglo XXI, la ciencia ficción colombiana experimenta una renovación significativa, tanto en términos temáticos como formales. Los autores contemporáneos se distancian deliberadamente de los modelos del realismo mágico y de la literatura centrada exclusivamente en la violencia histórica, para abordar problemáticas globales desde una perspectiva local y crítica. Aparecen con fuerza temas como la vigilancia tecnológica, la manipulación mediática, la biopolítica, el colapso ecológico, el poshumanismo y la identidad en un mundo globalizado.

Dentro de esta producción reciente destaca Jorge Aristizábal Gáfaro, cuyos relatos combinan ciencia ficción, parodia y crítica cultural. En textos como La delación, incluido en la antología ¿Sueñan los androides con alpacas eléctricas? (2012), se plantea la existencia de una guerra intergaláctica secreta en la Tierra entre especies extraterrestres, superpuesta a la vida cotidiana humana. Este cruce entre lo cósmico y lo íntimo permite una lectura alegórica de los mecanismos de poder, la traición y la obediencia, al tiempo que subvierte las convenciones del género mediante el humor y la ironía.

Desde una perspectiva historiográfica, la ciencia ficción colombiana adquiere un valor particular porque desestabiliza el relato dominante de la literatura nacional. Al apartarse del realismo testimonial y del folclorismo, estos textos introducen el extrañamiento como estrategia crítica. No niegan la realidad social, sino que la reformulan a través de la especulación, permitiendo pensar el presente desde futuros posibles, sociedades alternativas o tecnologías imaginadas. En este sentido, la ciencia ficción colombiana no es una evasión, sino una forma distinta de intervención cultural y política.

En conjunto, esta tradición revela una línea subterránea pero persistente, que acompaña los procesos de modernización, crisis y transformación del país. Su estudio no solo enriquece la comprensión de la literatura colombiana, sino que invita a reconsiderar los límites del canon y a reconocer la ciencia ficción como un espacio legítimo de reflexión sobre la historia, la tecnología y la condición humana.