петък, 9 януари 2026 г.

Vallejo


En su etapa temprana, la concepción de César Vallejo sobre el lenguaje está marcada por una experiencia radical de exilio, no solo social o biográfico, sino profundamente ontológico. El lenguaje no aparece como un medio transparente de expresión, sino como un espacio herido, insuficiente, incapaz de acoger plenamente la experiencia humana. Desde Los heraldos negros, la palabra poética surge de la carencia: pobreza, dolor, orfandad y desarraigo se inscriben en una lengua que tropieza, se quiebra y se reinventa, no por juego estético, sino por necesidad vital.

Para Vallejo, escribir es intentar decir aquello que precede al lenguaje: el sufrimiento, la muerte, el hambre, la fraternidad perdida. Sin embargo, este intento está condenado al fracaso, porque la palabra siempre llega tarde frente a la experiencia. En este sentido, la escritura es una aproximación infinita, un movimiento que nunca alcanza su objeto, sino que lo rodea, lo roza y lo pierde de nuevo. Esta concepción aproxima a Vallejo a una teología negativa, donde lo esencial, como Dios o el ser, solo puede conocerse a través de la ausencia, el silencio o la negación.

Asimismo, su poética anticipa la idea blanchotiana de la escritura como un acercamiento interminable, donde el sentido no se fija, sino que se disuelve en el acto mismo de decir. El poema no resuelve la ruptura entre el sujeto y el mundo, sino que la expone. Así, el lenguaje vallejiano se inscribe en una fenomenología trágica de la expresión: la palabra nace de la necesidad de comunicar, pero al mismo tiempo testimonia la imposibilidad de una reconciliación plena con el ser.


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